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Terra
La Coctelera

27 Abril 2010

También hoy tomo té mientras escucho música, the XX.
Sentada sobre el escritorio, junto a la enorme ventana recuerdo que cuando no había mosquitera y mis piernas eran piernas de niña, las sacaba entre los barrotes y las balanceaba.
Me siento verdaderamente bien.
Y sin embargo

"tanto todo para nada".

11 Abril 2010

Se sentó con el pelo mojado y la cara pintada como una puta, e intentó subirse las bragas cuando empezó a sonar la canción que rompió su alma. Con los pezones erizados y unos largos calcetines calentando sus feos pies rompió a llorar mojando sus muslos de gotitas saladas.

Comenzó a ver pasarelas de dientes que antes significaban sonrisas. Ahora son sólo el sonido que acompaña a una lágrima en su caída (libre). En su vientre un gato que araña y saca cosas por el ombligo. "Duele gatito, duele".

Ella tiene una linda bañera blanca en medio del salón, junto a una alfonbra roja-roja. Cuando se siente así se arrodilla ante ella y sonríe antes de hundir la cabeza por completo en el agua y termina de escuchar su canción. Las voces se sumergen con ella y cuando por fín sale, todo ha vuelto a la normalidad. El gato se esconde juguetón entre sus costillas y ella guarda todas las lágrimas en un sobre que tiene pintado con purpurina.

Ahora sí, se termina de subir las braguitas y se pone una camiseta que le está enorme. Se asoma al balcón y deja que las gotitas de agua resbalen de su cuello a su pecho, haciendo cosquillas.

16 Marzo 2010

Distress

16 mar 10 En: Escritos

…Ya no sé si lo que intento es dormir o despejarme. El colchón se despedaza ruidosa y lentamente bajo mi apestoso cuerpo, que como un saco de huesos se mantiene mirando al techo con el miembro erguido y duro entre las piernas, que va a estallar, que consume la poca energía que queda y no me deja ni tan siquiera mover los brazos. Los párpados suben y bajan como ráfagas de aire frio y caliente dejándome entrever un juego de siluetas macabras y sonrisas de mujer en las paredes del cuarto. Acuden a mi mente una serie de imágenes y recuerdos: el calor de tu cuerpo ausente acostada en el suelo como una falsa Ofelia, borrándose ya de tu cara las esperanzas. Después tu misma cara entre mis piernas, con los pechos a punto de desbordarse del escote, y el ser que me quita la fuerza se vuelve aún más rígido.

Ya no sé en qué lado de la cama está la mesilla, con el cajón cerrado a presión, con el bote de pastillas dentro, que llama, que se pasea de un lado a otro de su cubículo sonando como un puto sonajero, y el bebé quiere juego. Intento moverme y echarme a un lado una y otra vez. Creo conseguirlo, pero entonces despierto y me doy cuenta de que no ha sido real y lo vuelvo a intentar, una y otra vez. Mis intentos de cambiar de postura acaban convirtiéndose en espasmos de drogadicto y mi otro yo se siente asustado y sorprendido, como el pobre Gregorio Samsa al despertar de su metamorfosis. ¿En qué me he convertido? Rojo, negro y rojo desfilan por mi cara, puedo incluso oler los colores por encima del sudor de mi cuerpo. Huelo el frio y caliente hierro oxidado de las manchas de la pared, las toco con la mano y siento el áspero de su tacto recorrer mis dedos. Podría pasar horas así y despertar de nuevo en la cama con el rabo entre las piernas.

18 Enero 2010

El amor es sabiduría en los locos y locura en los sabios.

A May le faltaba un ojo el día en que la conocí. Aún así era una muchacha bonita, quizá demasiado delgada, pero bonita. Al igual que yo, ella estaba loca.

Fue una tarde cualquiera, en un banco cualquiera. Se acercó colocándose bien las gafas y el parche. No me prestó la más mínima atención. Llevaba el pelo recogido y un vestido blanco hecho por ella misma. Cruzó sus delgadas piernas mientras la miraba de arriba abajo aprovechando que estaba en su lado malo y el parche me permitía estudiarla sin que se percatase. Sacó un gran libro con ilustraciones a color de muñecas y lo ojeamos a la vez.

- Ésta de aquí es muy bonita- señalé con el dedo una muñequita francesa vestida de rosa.

Entonces ella giró por completo la cabeza y sonrió diciendo que le gustaba mi pelo. Me di cuenta de que era mayor y menor que yo a la vez y eso me gustó. Siguió pasando hojas permitiéndome verlas todas. En la yema de su pulgar tenía una heridita fresca y cada vez que cambiaba de página dejaba una línea roja en el límite. Al acabar el libro retrocedió a la muñeca de rosa y saco unas tijeras de punta redonda. La cortó con esmero y la tendió hacia mí. La cogí agradecida y antes de que guardase las tijeras se las quité con un “¿me permites?”. Corté un mechón de mi pelo, hice un nudo en el extremo y se lo entregué.

A May le encantó mi regalo, pero tenía que irse. Agitó el rizo castaño entusiasmada y lo guardó en un bolsillo. Al irse vi volar la falda de su vestido y recordé el frescor de los anuncios de detergente, donde las mamás tienden sábanas demasiado blancas al sol mientras los niños juegan entre ellas.

 

17 Noviembre 2009

Gregorio saluda mis rizos a través de mensajeros pequeños. No hacía falta. Espero que estos nunca hayan sido humanos antes.

Seis chocolatinas y alrededor de 15 onzas de chocolate.
Té caliente, doble bolsita. Negro. Con leche. Con humo por encima de la gran taza.

Tenía una libélula disecada junto al gato de hueso.Tenía. Hoy ha muerto.

Un platito pequeño habla con otro más grande en mi libreta de filosofía.
A nadie le importa.

17 Noviembre 2009

Llena de pájaros muertos
La repisa de mi ventana.

Dulce Flor Negra embauca sus picos,
seduce sus alas: plumas caídas
tras la danza de hiel. Sus corroídas
almas yacen marchitas, pues caducos

los néctares,

venenoso el aroma.

Impregnada hasta el último cabello
de esa fragancia mortífera
ya no huelo, sino que soy.

Soy perfume que llama,
soy pájaro muerto en mi ventana.

16 Noviembre 2009

Tú, yo y una ventana a mi izquierda.
Empieza el juego de luces y despierto una vez más.
Me siento lejos de ti por esos dos centímetros de más y me pego a tu espalda.
Paso mi pierna por la tuya y caigo de nuevo en sueño.

Toses suave y despierto.
Mi pierna vuelve a estar separada y como acto instintivo la pego a ti.
Me abrazo a tu espalda.
Te huelo.
Me siento segura.
Duermo.

Sueño y abro los ojos.
Cruzamos miradas.
Te beso.
Silencio.
Duermes ahora.
Duermo.

The silence and the color
and their beauty
Stands right and still for you

Cuerpos frágiles y sin fuerza.

(Vinieron moscas en forma de poesía
¿recuerdas?)

Me apetece leche.
Leche y sexo.
Ambos en bandeja.
Después del palpitar en mi entrepierna
(melocotón en almíbar)
viene la leche y el chocolate.

Nunca tuve un desayuno tan dulce
que me colmara tanto.

Besitos en el pecho.
Lázaro, Caín y Tundra.

Después camino deprisa entre el sol y la gente
despeinada, con una sonrisa en la boca.
En el bus la señora frente a mí no sabe que estoy recién follada.
Nadie sabe que me duele la cabeza.
Que pasaría 47 horas más dentro de La Cama.

Que es irracional, ilógico.
Que nos come y no somos nosotros.
Nos come.
Te como.
miau

Canción: Wild Tigers I have Known (Emily Jane White)

13 Noviembre 2009

Aviso: Spoilers indirectos

Alguien voló sobre el nido del cuco es una película maravillosa, pero eso ya lo sabéis todos. Podemos encontrar miles de críticas adulando la magistral interpretación de Nicholson, o la entretenida mezcla de humor y tragedia que se da. Pero eso no es lo que yo quiero. Lo que yo quiero es mostrar lo que yo vi al asomar la cabeza al nido:

Randle llevaba pegada una gran sonrisa a la cara cuando llegó. Abrió las alas y comenzó su vuelo fugaz rodeado de bellas imágenes. Un gigante mudo, un bailarín eterno, un hombre hecho corazón con gafas, un ruiseñor de pelo rizado enamoradizo... La gente era tan peculiar como el lugar mismo, custodiado por una linda enfermera blanca sin apenas escote y con una falda demasiado larga. De esas personas creadas por el gusto de dar tirria, nada más.

Randle, al igual que la mayoría de cuerdos, era adorable. Sacó a los polluelos de aquel nido donde los punchs se utilizaban para entrenar bastones, donde la tele se veía apagada siendo mucho más entretenida, y las ventanas estaban hechas para reflejar el suelo. Una pareja de enamorados de pelo blanco disfrutaba de un cono de helado mientras sentados en sillas sobre la misma acera disfrutaban de la televisión a través de un escaparate. El autobús donde viajaban pasó justo al lado, dirección al mar. En el puerto tomaron un barco  y ganaron el título de doctores.  Lo celebraron pescando.

Randle tenía las alas lo suficientemente grandes como para abarcar medio océano, pero se las intentaron quitar. Ante esto su amigo el gigante mudo, que sólo era  mudo cuando quería, tomó las plumas de un cojín y se la regaló a Randle, haciéndole unas alas nuevas, mucho más grandes y potentes que las anteriores. El gigante sabía volar, pero no lo había hecho nunca. Probablemente tenía miedo. Al ver el bonito despegue de Randle se armó de valor y desplegó sus propias alas de águila  prendiendo un nuevo vuelo.

Todos allí tenían alas, de diferentes colores y formas, algunas sin desarrollar. Las agitaron en medio de aquella noche felices de ver al gran águila surcar los cielos muy por encima del nido. Un nido calentito y acogedor, pero más caliente es el frío de la noche envolviendo un cuerpo libre.

Ya no somos polluelos.