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La Coctelera

17 Noviembre 2009

Gregorio saluda mis rizos a través de mensajeros pequeños. No hacía falta. Espero que estos nunca hayan sido humanos antes.

Seis chocolatinas y alrededor de 15 onzas de chocolate.
Té caliente, doble bolsita. Negro. Con leche. Con humo por encima de la gran taza.

Tenía una libélula disecada junto al gato de hueso.Tenía. Hoy ha muerto.

Un platito pequeño habla con otro más grande en mi libreta de filosofía.
A nadie le importa.

17 Noviembre 2009

Llena de pájaros muertos,
La repisa de mi ventana.

Dulce la Flor Negra
embauca a sus picos
Seduce a sus alas.
Néctar y danza caducos
con plumas caídas,
despojos de almas.

Llena de plumas bonitas,
la repisa de mi ventana.


El viento que sopla
cuela colores en mi jaula,
entre barrotes.
Sol que ya no entra,
pies que no bailan.

Impregnada hasta el último cabello
de esa fragancia mortífera
ya no huelo,

sino que soy.

Soy perfume que llama
soy pájaro muerto en mi ventana.

16 Noviembre 2009

Tú, yo y una ventana a mi izquierda.
Empieza el juego de luces y despierto una vez más.
Me siento lejos de ti por esos dos centímetros de más y me pego a tu espalda.
Paso mi pierna por la tuya y caigo de nuevo en sueño.

Toses suave y despierto.
Mi pierna vuelve a estar separada y como acto instintivo la pego a ti.
Me abrazo a tu espalda.
Te huelo.
Me siento segura.
Duermo.

Sueño y abro los ojos.
Cruzamos miradas.
Te beso.
Silencio.
Duermes ahora.
Duermo.

The silence and the color
and their beauty
Stands right and still for you

Cuerpos frágiles y sin fuerza.

(Vinieron moscas en forma de poesía
¿recuerdas?)

Me apetece leche.
Leche y sexo.
Ambos en bandeja.
Después del palpitar en mi entrepierna
(melocotón el almíbar)
viene la leche y el chocolate.

Nunca tuve un desayuno tan dulce
que me colmara tanto.

Besitos en el pecho.
Lázaro, Caín y Tundra.

Después camino deprisa entre el sol y la gente
despeinada, con una sonrisa en la boca.
En el bus la señora frente a mí no sabe que estoy recién follada.
Nadie sabe que me duele la cabeza.
Que pasaría 47 horas más dentro de La Cama.

Que es irracional, ilógico.
Que nos come y no somos nosotros.
Nos come.
Te como.
miau

Canción: Wild Tigers I have Known (Emily Jane White)

13 Noviembre 2009

Aviso: Spoilers indirectos

Alguien voló sobre el nido del cuco es una película maravillosa, pero eso ya lo sabéis todos. Podemos encontrar miles de críticas adulando la magistral interpretación de Nicholson, o la entretenida mezcla de humor y tragedia que se da. Pero eso no es lo que yo quiero. Lo que yo quiero es mostrar lo que yo vi al asomar la cabeza en el nido:

Randle llevaba pegada una gran sonrisa a la cara cuando llegó. Abrió las alas y comenzó su vuelo fugaz rodeado de bellas imágenes. Un gigante mudo, un bailarín eterno, un hombre hecho corazón con gafas, un ruiseñor de pelo rizado enamoradizo... La gente era tan peculiar como el lugar mismo, custodiado por una linda enfermera blanca sin apenas escote y con una falda demasiado larga. De esas personas creadas por el gusto de dar tirria, nada más.

Randle, al igual que la mayoría de cuerdos, era adorable. Sacó a los polluelos de aquel nido donde los punchs se utilizaban para entrenar bastones, donde la tele se veía apagada siendo mucho más entretenida, y las ventanas estaban hechas para reflejar el suelo. Una pareja de enamorados de pelo blanco disfrutaba de un cono de helado mientras sentados en sillas sobre la misma acera disfrutaban de la televisión a través de un escaparate. El autobús donde viajaban pasó justo al lado, dirección al mar. En el puerto tomaron un barco  y ganaron el título de doctores.  Lo celebraron pescando.

Randle tenía las alas lo suficientemente grandes como para abarcar medio océano, pero se las intentaron quitar. Ante esto su amigo el gigante mudo, que sólo era  mudo cuando quería, tomó las plumas de un cojín y se la regaló a Randle, haciéndole unas alas nuevas, mucho más grandes y potentes que las anteriores. El gigante sabía volar, pero no lo había hecho nunca. Probablemente tenía miedo. Al ver el bonito despegue de Randle se armó de valor y desplegó sus propias alas de águila  prendiendo un nuevo vuelo.

Todos allí tenían alas, de diferentes colores y formas, algunas sin desarrollar. Las agitaron en medio de aquella noche felices de ver al gran águila surcar los cielos muy por encima del nido. Un nido calentito y acogedor, pero más caliente es el frío de la noche envolviendo un cuerpo libre.

Ya no somos polluelos.

7 Noviembre 2009

Ginger Tree

7 nov 09 En: Escritos

Despierta la luna de su letargo y cubre un cielo limpio y despejado de estrellas donde el viento mece las ramas de los árboles que susurran palabras  inaudibles. Bailan los cabellos de una joven muchacha al son de una  melodía  que  sólo  existe  en  su  mente.

El rojizo  de su pelo apenas  es apreciable  en  el  oscuro  momento de su despertar, pero  sigue ahí. Alza  sus manos  y recorre  el cielo con ellas acariciando  el viento con los dedos. Baja después a sus caderas y vuelve a palpar su cuerpo. Recorre los pocos metros que la separan del reflejo del agua. Arrodillada en la orilla del silencioso rio sumerge la punta de sus dedos y lanza una mirada a la mujer que  aparece en la superficie cristalina. Han pasado años y sigue siendo la misma doncella hermosa que una vez  abandonó la realidad para formar parte del suelo. Mirada felina y labios llenos, vacios.

Se adentra  en el rio  y siente el tacto del agua recorriendo cada parte de su cuerpo desnudo. Su piel es  tersa y blanca como fue siempre. Ninfa marina entre las aguas baila con el recuerdo de tiempos pasados en su cabeza, cada vez  menos intensos, como si dejasen de ser reales. Pasan las  horas   pero ella ya no recuerda como medir el tiempo, solo el hambre interrumpe la magia y su  delgada  silueta abandona el paraje arbolado.

El único ropaje, su pelo, el cual se balancea mientras camina descalza adentrándose  en las calles de la ciudad más cercana. Sus movimientos dejaron de ser humanos, hacen que su caminar  sea  efímero,  como si  de un rastro de humo de tratase.   Aguarda silenciosa la llegada de alguien que le sirva de alimento y aparece entonces  a su derecha un apuesto joven de oscuros ropajes. Extrañado por la desnudez de la chica se acerca y ofrece su ayuda. Cabizbaja se aproxima  la muchacha, levanta las manos y en sus hombros las posa. Escucha perfectamente el frenético ritmo de los latidos del joven, y extraña los suyos  propios.  Levanta la mirada y no hay alma que se refleje. La voluntad del chico es ahora tan pétrea como el muro que guarda su espalda.  Ella aproxima el rostro, sus afiladas uñas apartan la tela que cubre el torso del muchacho. Acaricia su mejilla con sus labios, su boca, su cuello. Él no está a salvo y lo sabe, intenta apartarla y descubre que no es debilidad lo que se esconde tras el delicado rostro femenino, sino una fuerza brutal que lo aprisiona. Gira el rostro con un gesto antihumano y sus pupilas se dilatan al percibir el olor a sangre. Piel  erizada. Desgarra primero su cuello. Después su pecho.

Descansa en la hierba nuestra  triste criatura. Imágenes difusas pasean por su mente. Un" te quiero" que ya no entiende, unas manos, papeles mojados por la lluvia. Aún con los labios encharcados  de sangre canta una melodía que poco a poco se confunde con el sonido del viento. Susurran  los árboles y su voz se pierde a la vez que su piel se vuelve áspera. Sus brazos se paralizan. Mirada perdida.

Sale  el sol pero  el viento aún perdura. Mece las hojas de un árbol  rojizo que aguarda la llegada de la noche para convertirse  en mujer sin alma.

7 Noviembre 2009

Smooth Kiss

7 nov 09 En: Escritos

-Cierra los ojos- me dijo, y pude oler más intensamente ese perfume que siempre la caracterizaba. Imaginé su boca acercándose a la mía. Pensé que por una vez ella deslizaría el carmín de sus labios por mis labios, pero no fue así.

-Ahora abre la boca- y soltó una risita. Pude escuchar el sonido de la cremallera de su bolso, pero no escuché nada más. Si algo sacaba de ahí, lo hacía con mucha cautela. Mi lengua se preparaba ya para adivinar de qué sabor era lo que probablemente iba a meterme en la boca cuando sentí su aliento pegado a mí y algo húmedo atravesando el umbral de mis labios. Su beso sabía a... nube.

7 Noviembre 2009

Despertar

7 nov 09 En: Escritos

Ni si quiera sé si desperté cuando abrí los ojos y vi como la tenue luz del amanecer dibujaba formas en el techo de la habitación mientras mis pies acariciaban las arrugas de las sábanas. Moví mis piernas a un lado esperando chocarlas contra las tuyas con el olor a tabaco aún bailando en mi olfato pero sólo recibí la larga caricia de una cama vacía. Otra vez en los brazos de mi solitario silencio recordé el tacto de tus labios en mi piel y recogí los besos que cayeron en la almohada, al guardarlos en mi mesita de noche descubrí cinco letras escritas en un papel. A, de, i, o, y ese. Acosté de nuevo mi cuerpo intentando buscar el significado cuando mis párpados cayeron en picado y cegaron mis ojos. Soñé que me dormía y que escuchaba tus pasos abandonando la puerta mientras tus labios lanzaban un "adiós" a mis oídos y desperté sobresaltada.

Recorrí las paredes de la estancia con mis ojos y hasta detrás de las cortinas te busqué. Las sábanas hacían un nudo en mis pies, tu ausencia un nudo en mi garganta. La luz aún pintaba sobre el techo mientras yo la veía hacerlo y escuché al bichito de la angustia subir las patas de mi cama, era un ser pequeño y peludo, negro y redondo, con dos ojitos blancos camuflados. Se acercó a mi cara y separó mis labios introduciéndose en mi boca. Lo noté caminar por mi garganta hasta llegar al nudo de mi estómago y no avanzó más. Creo que ambos quedamos dormidos.

Rato más tarde tus dedos pasearon por mi espalda susurrándome ‘buenos días'. Miré al techo y contemplé los dibujos lumínicos ya acabados, después saludé a tus manos, a tu boca, a tu cuello y hombros. Tiré del hilo de mis labios y saqué al bichito negro de mi estómago, dejándolo en la repisa de la ventana. Cantamos juntos una canción de besos y al acabar tomé la sábana e hice un nudo uniendo tu pie al mío, para siempre.